Adrián González / PATRONES DE LA REALIDAD
La obra de Adrián González tiene un largo
recorrido. Las piezas que conforman esta muestra son las más recientes, pero su trabajo inició hace seis
años con otros temas y con otros conceptos.
Es así como podemos ver en esta exposición a un
pintor de varias manos. Acaso Richter o Picasso tienen la cualidad de tener
varias voces en un discurso plástico coherente y heterodoxo que no elimina
etapas sino que se superponen para enriquecerse. Esta cualidad es la que nos
pone en contacto con una pintura
enteramente contemporánea, que no se deslinda de la madre de todas las pinturas
de este siglo: la pintura moderna. A diferencia de otros jóvenes pintores que
ven al siglo XXI como una fiesta de disfraces retro, la pintura de Adrián
González recoge la vitalidad experimental
de Frank Stella o Robert Rauschenberg pasando después por Sigmar Polke.
Como se puede apreciar el motivo que
relaciona a todas estas piezas es el automóvil. Extraño ingenio que multiplicado por
millones se convierte en esa extraña bestia con la que tenemos que lidiar:
el tráfico cuyo alimento, es el tiempo
vital del individuo. El comercio nos vende la idea de comprar una máquina que
puede llevarnos a nuestros destinos seguros y rápidos y que somos dueños de
cinco asientos usando uno. Esta ilusión de imagen y prestigio creada para la
mitología de las clases media se ha devorado el presupuesto de la ciudad en la
construcción de vías que nos llevan a embotellamientos. El promedio de
velocidad de este meteoro que suponemos tener es el de una carreta del siglo
XIX. Esta burbuja de fibra de vidrio ha creado no solo una modalidad de
neurosis sino toda una cultura de la que viven y en la que viven millones de
personas. Desde el franelero, el gasolinero y el jefe de gobierno de la ciudad
que hasta hace poco cobraba ese impuesto santaanesco llamado tenencia.
La obra de Adrián González tiene una fuerza
autónoma que le permite trascender a su tema y a su motivo, a diferencia de los
autoproclamados y muy celebrados artistas contemporáneos que no han escapado
del nominalismo medieval y sus técnicas paleocristianas de representación, por
lo que se explica su fetichismo.
Como bien puede verse en el trabajo de Adrián
González se incorporan materiales poco
usados en la pintura como el vidrio, metales y ensambles de madera para crear
superficies cuya cualidad simbólica se trasciende en realidad plástica.
La publicidad y su lenguaje es el que este
pintor ha usado como un soporte cultural para sobreponerle un fin más elevado:
la pintura.
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